“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme..." es, como todo el mundo sabe, la frase con la que empieza una de las novelas más famosas de la literatura universal. Sin embargo, no fue en un lugar de La Mancha, sino en la Calle Atocha de Madrid donde, en 1605, veía la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. A principios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, Madrid fue el principal centro difusor de libros de la Península. Tras la vuelta de la Corte de Valladolid a Madrid en 1606, se produjo una concentración de impresores, editores, autores y mecenas que convirtieron la Villa en la capital literaria del reino. En Madrid se publicaban y compraban las novedades literarias y desde aquí se realizaban los pedidos de libros al extranjero. El 16 de enero de 1605, después de meses de penurias, esquivar a la censura y soportar grandes esfuerzos económicos, Miguel de Cervantes tocaba ...