Generalidades sobre la obra
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme..." es, como todo el mundo sabe, la frase con la que empieza una de las novelas más famosas de la literatura universal. Sin embargo, no fue en un lugar de La Mancha, sino en la Calle Atocha de Madrid donde, en 1605, veía la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
A principios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, Madrid fue el principal centro difusor de libros de la Península. Tras la vuelta de la Corte de Valladolid a Madrid en 1606, se produjo una concentración de impresores, editores, autores y mecenas que convirtieron la Villa en la capital literaria del reino. En Madrid se publicaban y compraban las novedades literarias y desde aquí se realizaban los pedidos de libros al extranjero.
El 16 de enero de 1605, después de meses de penurias, esquivar a la censura y soportar grandes esfuerzos económicos, Miguel de Cervantes tocaba con sus manos la primera tirada de su obra maestra: «El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha» en la imprenta de Juan de la Cuesta, ubicada en el número 87 de la Calle de Atocha. Tenía cientos de erratas, incluso en la portada, fallos en la maquetación, y un tamaño más pequeño de lo normal en una obra de este género debido a que fue una edición muy pobre para ahorrar costes. Sin embargo, las erratas de esta primera edición no serían obstáculo para el gran éxito cosechado por la novela.
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| Réplica de la imprenta |
En precio de aquella primera edición era de 3,5 maravedíes por cada uno de sus 83 pliegos. La novela completa tenía un precio de 290 maravedíes. El único pago que recibió Miguel de Cervantes fue de 6.000 maravedíes y 25 copias de la obra. Los derechos de autor aún no existían así que una vez vendida la licencia al librero, el autor perdía el control sobre su obra, por lo que Cervantes nunca llegó a enriquecerse con la obra y murió pobre. No obstante, gracias a su éxito, se dio a conocer y pudo publicar otras obras, como las Novelas Ejemplares.
En la actualidad tan sólo se conservan dos copias originales de la primera edición o "Edición Príncipe" de la obra más emblemática de la literatura española: una en la Biblioteca Nacional y otra en la Real Academia Española.
Desde su publicación entre 1605 y 1615 Don Quijote de la Mancha se ha traducido a más de 140 idiomas y se han realizado millares de ediciones, desde las más burdas hasta las más espectaculares.
Después de la Biblia, el libro más traducido del mundo es El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, mejor conocido como El Quijote, de Miguel de Cervantes. Esta obra clásica ha sido traducida a más de 140 lenguas, dialectos o variedades lingüísticas. Sin contar la infinidad de adaptaciones o remakes que se han hecho a partir de ella. Esto implica que ha sido leído desde culturas tan diversas como el mismo pensamiento humano. Sería difícil imaginarnos perspectivas tan distintas de un mismo libro, pero un ejemplo sería el pensamiento japonés, que convierte a Don Quijote en un samurái en su traducción.
Las primeras traducciones fueron en las lenguas europeas que gozaban de mayor prestigio en el siglo XVII, el inglés y el francés. A Thomas Shelton se le reconoce la edición inglesa del primer volumen en 1612. La traducción al francés es considerada la segunda en orden cronológico, Cesar Oudin publicó la traducción en 1614, y François de Rosset, hizo lo mismo con la segunda parte en 1618. En 1622 aparece en italiano, gracias al profesor de español Lorenzo Franciosini. Para 1648 es traducido al alemán por Pahs Bastelnvon der Sohle y en 1657 al holandés, por el escritor Lambert van der Bos. Esencialmente, estas fueran las primeras traducciones que abrieron la marcha de Don Quijote a través de Europa. Aparecieron también las traducciones a otras lenguas europeas con menor número de hablantes como el danés, portugués y polaco. Surgen traducciones al rumano, húngaro, croata, griego, serbio, noruego, finés y, en el XIX, al hebreo y al turco. En la primera mitad del siglo XX se publicará en letón, estonio, lituano y checo.
La imagen de don Quijote, acompañado por su escudero Sancho Panza, aparece en las ediciones ilustradas que se publican en toda Europa. Queda aquí trazada una apasionante línea diacrónica de dichas publicaciones desde el siglo XVII hasta nuestros días. Así, la primera vez que estos dos personajes literarios aparecieron gráficamente representados, fue en Londres, en la portada de la edición de Blounte, en 1618. Se trata de una estampa bella, pues de ella arranca la gran colección de ediciones ilustradas del más grande de los libros españoles. Unos 70 años después que la primera edición, en 1687, aparecía la segunda edición inglesa ilustrada del Quijote. La publicaba Thomas Hodgkin, también en Londres, con láminas firmadas.
La obra de Cervantes va abriéndose camino a través de Europa y en Alemania, concretamente en Francfort, en año 1648, en casa del impresor Matías Götzen. Se trata de una edición con sólo cinco láminas. Inmediatamente los reconocemos, a pesar de que Sancho es enormemente cabezudo y Don Quijote aparece extremadamente joven. En los Países Bajos en 1657, aparece una edición en holandés, hecha en Dordrecht, por Jacobo Savry, y otra en su idioma original, en castellano, realizada por Bouttats, en Bruselas, en 1662.
Se trata de ediciones ilustradas matrices, especialmente la de Dordrecht, porque sus láminas sirvieron de modelo a otras muchas, publicadas posteriormente en Amberes, Roma, Lyon y París. Y además, son las primeras ediciones con ilustración completa: las veinticuatro láminas.
Y así llegamos al año 1674, donde finalmente aparece en Madrid una edición ilustrada del Quijote. La imprenta de Andrés García de la Iglesia lanzaba la obra en 1674: “Nueva edición, corregida e ilustrada con treinta y cuatro láminas muy donosas y apropiadas a la materia”. Pero, apenas estuvo el libro en manos de sus lectores, sobrevino al desilusión. Los dibujos de esta tan esperada edición estaban copiados de la hecha en Bruselas y en idioma español en 1662. Con la agravante de que ésta, a su vez, era copia de la de Savry, publicada en Dordrecht en 1657. Diego de Obregón, el dibujante español, se había limitado a copiar las estampas de aquellas ediciones flamencas.




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